lunes, 26 de mayo de 2008

La realidad de las cosas


Nos dejamos llevar por los problemas ajenos. No sabemos qué hacer cuando nuestros problemas nos superan, y sin embargo nos volcamos y adquirimos un grado de empatía para con los demás inmenso. ¿Es que tenemos una especie de complejo de Madre Teresa? ¿Será que, al verlos de modo objetivo, nos es más fácil resolver los problemas ajenos y preferimos volcarnos en ellos que en los propios, o es más bien que nuestro lado morboso hace que nos acerquemos a la persona necesitada, para así hacernos sentir más reconfortados en nuestro pellejo, a fuerza de comparar?
Hay una persona muy cercana y querida que ahora mismo lo está pasando mal. Sus problemas se han vuelto una bola bastante grande y ahora no sabe qué hacer para salir del bache. Se siente ahogada, desolada y cree que es imposible que nadie pueda ayudarla. Ciertamente las cosas se le han torcido bastante, y la verdad es que se encuentra en una situación en la que seguramente muy poca gente se ha visto alguna vez.
El problema es que la situación en la que está ahora no es nada más allá que la consecuencia de un comportamiento un tanto irresponsable con respecto a su vida, digamos, en general. Podemos verlo como que hace tiempo que las cosas no le van demasiado bien, y esto ha hecho que se dejara estar, que no se preocupara de solucionar ciertos problemas cuando aún eran solucionables, y que no se planteara adónde la iba a llevar todo eso. ¿La consecuencia? Habiendo un hijo menor de por medio, la pueden imaginar. Y es que nuestros actos, aún no siendo demasiado equívocos, cambian de cariz cuando hay otros factores como el que hay en este caso de por medio. Yo he intentado muchas veces ayudarla, obviamente desde la situación en la que me encuentro, y contando con que esta persona se dejará ayudar pero sin perder de vista que son sus problemas, y no los míos. Pero no ha sido posible. En mi posición no he podido hacer más que actuar de apoyo psicológico, y poco más. Por supuesto lo he hecho desde lo más profundo de mi corazón, porque –ya he dicho- es una persona intima.

Hoy he estado hablando con una amiga acerca de ello. Tenemos a esta persona en común, y ella me comentaba que se sentía muy mal por la otra, porque imaginaba que lo estaba pasando inmensamente mal, y no sabía cómo ayudarla. Mi respuesta la pueden imaginar: no puedes ayudar a nadie que no quiera ser ayudado. Y es que esta persona, llamémosla X, no ha sabido aprovechar los consejos y la ayuda que muchos como yo hemos intentado brindarle en innumerables ocasiones. Mi respuesta sonó un poco frívola y despreocupada, pensándolo ahora, y seguramente a mi amiga le chocó. Pero no fue nada más lejos de mi intención. Si supiera que lo que yo haga va a tener algún resultado positivo en X, no dudaría en volcarme en el tema, y mucho más siendo quien es. Pero el caso es que (por supuesto, teniendo en cuenta que nunca le negaré ayuda, pase lo que pase) ya me he vuelto escéptico al respecto. Me cuesta creer que por mucha ayuda que le brinde ésta vaya a servir de algo. Es como que en este caso he vislumbrado la línea que separa lo que son los problemas de otros, de mis problemas. Y no por egoísmo, ni mucho menos, sino por experiencia.
¿Es que nos volvemos frívolos y despegados con el paso del tiempo, o simplemente caemos en la realidad de las cosas?

3 comentarios:

Evavaivi dijo...

yo creo que no es que nos haga sentir mejor el ver a los demás mal, sino que es más fácil ayudar a alguien si lo ves desde fuera, de forma objetiva. Supongo que nos es más fácil por eso, ayudar a los demás que ayudarnos a nosotros mismos.

Entiendo perfectamente lo de dejar de insistir con una persona que no hace caso a tus consejos. Supongo que con el tiempo nos cansamos de no ser oidos, de que nos lloren pero no acepten nuestra opinión al respecto.

Hay mucha verdad en lo que dices de que no podemos ayudar al que no quiere ser ayudado. Si una persona no quiere ver sus propios problemas y los aplaza, por mucho que los demás le insistamos no va a abrir los ojos aunque se estrelle contra el problema.. lo curioso es que, a veces, nosotros mismos lo hacemos.

LiO dijo...

ahí está la cosa. hay ocasiones en las que ni nosotros mismos sabemos qué hacer, y sin embargo nos creemos jueces para los problemas de los demás...qué contradicción, ¿no?

Estrellita dijo...

Sius... Veramente esto es un problema gordo y xungo. Yo llevo mucho tiempo intentando ayudar a una amiguita mía muy cerkana q tiene un problema súper jodido (desde siempre)... y no tengo éxito en absoluto.
Lo peor es q ya hice el problema algo mío... y el resultado q esto tiene sobre mí es nefasto!!! :( Sobre todo teniendo en cuenta que yo también pasé por lo que ella está pasando, y logré superarlo con creces... pero a veces la empatía me juega una mala pasada y recuerdo exactamente qué sentí en cada momento...
Q mierda :(
No hay más ciego que el que no quiere ver.......