jueves, 2 de octubre de 2008

Fachada fachada fachada


¿Por qué nos esforzamos por sonreír cuando las cosas van realmente mal? ¿Por qué tenemos la necesidad de parecer felices cuando realmente somos desgraciados?
¿Por qué decimos que estamos bien cuando realmente estamos hundidos? ¿Es para engañar a los demás y no demostrar debilidad, o es para engañarnos a nosotros mismos e intentar salir del bache?
Desde pequeño me enseñaron que debía parecer simpático ante los demás, no demostrar descontento abiertamente, no corregir a quienes son mayores que yo…vamos, a mostrar una bonita fachada. Siempre primando el exterior…daba igual cómo me encontrara realmente. Incluso tengo recuerdos de mi abuela pellizcándome el brazo por decir alguna impertinencia (cierta, pero descortés, y ¡Alá nos libre de serlo!).

¿Y ahora qué? Ahora que ya dejé de ser niño y llegué a adulto, ¿se supone que tengo que seguir diciendo “todo va bien”, cuando lo que en realidad pienso es “estoy harto de todo”? No. Estoy CANSADO de sonreír sin ganas, de poner cara de felicidad cuando en realidad tengo ganas de vomitar. Estoy harto de preocuparme por cómo puedan sentirse los demás ante mi desasosiego, y ni tan siquiera darme una tregua a mí. Porque eso tampoco es sano. No es sano no poder ni echarse a llorar cuando se está angustiado…todo es represión, como si este tipo de situaciones reflejaran debilidad.
En este momento de mi vida, creo que puedo decir que me he desenmarañado de casi todas mis represiones y miedos; ya no tengo que ocultar nada a nadie, gracias a Dios, y puedo pensar y actuar como me parece. ¿Entonces, por qué sigue quedando en mí, y en todos, ese trauma de reprimir los malos sentimientos? ¿Es que la tristeza o el enfado hacen daño a los que nos rodean? ¿Quién fue el imbécil que se inventó que teníamos que estar felices y de buen humor todo el día? Amigo mío, alguien debería decirte que eso no es que sea muy normal…

Es el momento de ser libre para todo: la tendencia sexual, la tendencia política…; la libertad de expresión y de pensamiento, en general. Pues bien, esa libertad de expresión también incluye la libertad de poder estar cabreado, triste, amargado, asustado, sin tener la necesidad de ocultarlo como si fuera algo indecoroso.
Y sí, estoy triste, pero además estoy enfadado por no ser capaz de decir que lo estoy sin avergonzarme. Y si esto me da el aspecto de ser una persona más gris, me da exactamente igual. Me felicito a mí mismo por intentar ser capaz de no engañarme a mí, y de no engañar al resto. Creo que eso me convierte en alguien mejor.
Y a quien no le guste, que se vaya sonreírle a su…

3 comentarios:

J.M. Mena dijo...

Soberbio ¿se puede decir más claro? la culpa de todo esto la tienen los estoicos, esos que pretendían huir de la realidad para no sentirse perjudicados por lo que está pudiese ofrecerles. Es curioso lo que dices, pero tan cierto... le tenemos miedo a ese absurdo "miedo" de mostrarnos mal ¿por qué? por la puta sociedad, que nos educa de esa manera diciéndonos que quien se muestra débil, lo es y por lo tanto juega aparentar más allá de las circunstancias del momento que esté viviendo. Ya es hora de cambiar ese dicho.

Un saludo

Jaime dijo...

Pues yo creo que lo que dices si que puede estar bien a veces

Pero no estoy de acuerdo que siempre se nos pida estar felices

Lo cierto es que nos encanta quejarnos y gran parte de la gente está todo el día quejandose y amargados

Uno tiene derecho a estar triste pero regodearse en la propia mierda tampoco es bueno

Uhm, que rica mi mierda, voy a seguir nadando en ella..

Creo que si la tristeza pasa del desahogo y de descargar problemas con los amigos, eso ya no es bueno para uno mismo

Además , a aquellos que piensen oscuro yo les diría, estarias acompañado todo el día con alguien así?? yo creo que ni de coña, que ni ellos mismos resistirian ni 10 minutos con ellos mismos. Y ni al ricky le gusta estar solo....

Evavaivi dijo...

Yo no creo que sea por parecer más débiles. Simplemente no voy contando mis penas por ahi. A veces es más fácil contestar con un "todo bien" que explicar lo que ocurre realmente. Otras veces no nos apetece ni siquiera hablar de ello, por eso fingimos, que es más fácil para nosotros. Al final, el fingir es puro egoísmo. A nadie le molesta que llegue alguien echo polvo y le cuente su problema. Todos pensamos que sí que va a molestar, que les vas a cortar el rollo o lo que sea, pero en realidad no es así. Somos mucho más solidarios con el dolor de los demás de lo que pensamos y lo mismo los demás con nosotros.

No decimos abiertamente "estoy triste" porque inmediatamente después llega un "y eso?? que te pasa?" y hay que explicarlo porque no puedes descargar la mierda en otra persona y no explicarle el porqué. De todas formas si todos mostráramos nuestros sentimientos constantemente las relaciones personales acabarían fracasando. Todos tenemos un mal día pero los demás (que tmb pueden tener un mal día o algún que otro problema) no tienen porque aguantarnos las malas caras, siendo que tmb pueden estar mal.

Tampoco podemos estar todo el día quejándonos porque los demás huirían de nosotros. No es justo para ellos.